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Cañon del Atuel
Monjes, búhos, jardines colgantes, monstruos, rostros que nacen de las piedras...por cada fragmento del Cañón podría escribirse una leyenda (y no estaría nada mal), cada formación despierta en la imaginación cosas que no existen en la realidad (hace bastante que me estoy cuestionando que es la realidad). Ya con el constante “tire y afloje” sobre la musicalización de los momentos, firmamos un acuerdo con mi padre. Cuando el disco de Cafrune estaba llegando a su fin, Zambita pa’ Don Rosendo se fundía perfectamente con el imponente paisaje. El frío se filtraba por cada poro de la piel, por cada imperfección de la misma, pero mucho no importaba.
Aparecieron algunas paredes del Cañón que dejaban verse con tonos rojizos, a tres curvas y contra curvas (el camino mismo era una curva y contra curva) de distancia se apreciaba la paleta de un pintor esparcida en la montaña, a los rojizos se le sumaron tonos verdosos, amarronados y amarillentos mezclándose con el nublado cielo y el tibio sol que quería asomar después de la nevada pero todavía no se animaba. Colores pintados en las gigantescas paredes del Cañón que me recordaban algún paisaje norteño que nunca visité.
La Villa El Nihuil estaba desierta (gran diferencia con el verano, que la gente parece que brota de la tierra). ¿Para que salir habiendo nevado toda la noche y parte de la mañana?Fue inútil dar las dos vueltas que dimos con el auto (con esas dos vueltas habíamos recorrido toda la villa) buscando algo para calentar el alma. Las persianas debían pesar toneladas, ya que, todas estaban bajas y no había señal de que esa situación cambie. A pesar del frío no rezongué, me di cuenta que si yo estuviera viviendo en ese lugar, a mil kilómetros de la contaminante vida que llevo diariamente y a una ventana de ver un monumento formado naturalmente como es el Cañón del Atuel, no estaría un domingo atendiendo la mesa de un barcito, estaría con los míos, en la tranquilidad del hogar y al borde de una chimenea que carbonice leños como si fuera la caladera de un barco a vapor.
Luego de un par de vueltas y algunas fotos comenzó a nevar levemente, esa fue nuestra señal para emprender la retirada, ya que, la ruta es difícil y mas si la leve nevada dejaba de ser “leve”.Al volver a San Rafael en un barcito de la Avenida Mitre me esperaba un café irlandés (necesitaba calor...y mucho!) y luego un baño caliente en el hotel. Pensar que ese mismo día, cuando nos levantamos, vimos la ciudad mientras nevaba y el servicio de información nos decía que todas las rutas estaban cerradas, pensamos que nuestras mini-vacaciones habían muerto en ese mismo instante, tapadas por la nieve que comenzó a caer a las dos de la madrugada (resulto ser que esa fue la primer nevada del año). No recuerdo quien dijo después de almorzar que intentemos ir hasta el Cañón, las palabras fueron: "vamos a jugárnosla". No se si fue mi viejo, si fue mi vieja o si fui yo, despues de todo...

...importa?!?!?!
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